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La tecnología RFID se asienta en la sociedad

by Future Plus Ventures

La tecnología RFID se asienta en la sociedad

Definiéndola de manera sencilla podemos decir que la tecnología RFID (identificación por radiofrecuencia) es la comunicación inalámbrica que se produce entre un lector y un emisor. Una tecnología que lleva casi un siglo entre nosotros y cuyo funcionamiento también es muy simple. Es decir, es como un código de barras que en vez de marcas de tinta utiliza ondas de radio. 

Este sistema remoto de almacenamiento y recuperación de datos tiene como objetivo fundamental transmitir la identidad de un objeto, de tal manera que utiliza unos dispositivos denominados chips o etiquetas para tal fin. Estas etiquetas, similares a una pegatina, pueden adherirse a un producto (incluso a una persona o un animal), y contienen los datos de identificación de dicho objeto. Así, al incorporar unas antenas, las etiquetas generan una señal de radiofrecuencia con dichos datos que puede ser captada por un lector RFID, que se encarga de leer la información y pasarla en formato digital a la aplicación específica. Es decir, un sistema de comunicación sin cables entre varios objetos, uno de los cuales emite señales de radio y el otro responde según la señal que haya recibido. Cabe señalar que aunque existen diferentes frecuencias, el uso de las mismas está generalizado y homologado a nivel mundial por las distintas entidades. Las principales frecuencias RFID son UHF RFID Pasivo (860-960 mhz) y NFC y HF RFID Pasivo (13,56Mhz).

Y aunque los expertos señalan que esta tecnología se habría comenzado a utilizar desde comienzo de los años 20, desarrollada por el MIT, es en la actualidad cuando se ha empezado a aplicar a multitud de objetos. Sobre todo en aquellos ámbitos en los que se tengan que llevar a cabo continuos registros de datos, ya sea en procesos de intercambio de información y mercancías o en situaciones internas de las empresas. Si bien su aplicación es cada vez más amplia, abarcando la seguridad, la sanidad, la logística, la industria o el comercio, en áreas relacionadas con la automatización de procesos, el control de inventarios, la localización y seguimiento de objetos, control de accesos de empleados, detección de falsificaciones, identificación y localización de animales perdidos, identificación y control de equipajes en los aeropuertos, etc.

Por lo que respecta a sus componentes, que aseguran el funcionamiento, un sistema RFID consta de:

  • Etiqueta RFID o transpondedor: formada por una antena, un transductor radio y un chip. La antena permite al chip transmitir la información de identificación de la j. El chip cuenta con memoria interna que tiene una capacidad que varía de entre una decena a miles de bytes.
  • Lector de RFID o transceptor: compuesto por una antena, un transceptor y un decodificador. El lector envía periódicamente señales para ver si hay alguna etiqueta en sus inmediaciones. Al captar la señal de una etiqueta extrae la información y se la pasa al subsistema de procesamiento de datos.
  • Subsistema de procesamiento de datos (middleware RFID): proporciona los medios de proceso y almacenamiento de datos.

Seguridad y fiabilidad

Como comentábamos anteriormente, son muchas las aplicaciones gracias, principalmente, al abaratamiento de su coste. De ahí que el sector retail o el Horeca hayan apostado por implementar esta tecnología RFID. Así, por ejemplo, la cadena de grandes almacenes de lujo de Estados Unidos, Saks Fith Avenue, ha comenzado a implantarla en su tienda insignia de Nueva York. O la cadena minorista Asda, del Reino Unido, que usa dicha tecnología para conseguir más precisión de inventario en sus tiendas. En nuestro país, Inditex implantó a lo largo de 2014 la tecnología RFID en alrededor de 1.000 tiendas de Zara para sustituir al código de barras. Sobre todo, porque entre sus ventajas destaca la posibilidad de identificar las prendas por medio de ondas de radiofrecuencia y lograr una mayor precisión en la gestión de las tiendas, así como identificar la talla y el modelo que hay que reponer en los expositores de los establecimientos.

Por su parte, en el canal Horeca, la tecnología RFID permite la mejora significativa de los procesos, automatizar la captura de errores (facilitando el intercambio de información entre cliente y proveedor), ayudar a inventariar los equipos informáticos o como tecnología de identificación y localización, entre otras funciones.

Asimismo, el sector logístico se está beneficiando de este impacto, fundamentalmente porque genera una serie de ventajas. Entre otras:

  • Gran capacidad de almacenamiento de datos, de tal manera que permite un mayor conocimiento del producto, ya sea su procedencia, fecha de fabricación, etc.
  • Precisión y fiabilidad en las lecturas: el sistema RFID recoge prácticamente todos los datos, lo cual genera la seguridad de que la información es la correcta.
  • Lectura de datos a gran distancia: la tecnología RFID permite realizar la lectura a varios metros de distancia. Además de velocidad en el registro y la lectura de datos. Lo cual incide en la productividad y la eficiencia de las tareas del almacén.
  • Trazabilidad individual para cada producto, pues al trabajar con etiquetas serializadas, cada artículo es identificado como único y especial.
  • Larga vida útil: es posible adaptar el sistema RFID a las diversas condiciones del ambiente y el entorno, y no se estropea con facilidad.
  • Difíciles de falsificar: la información contenida en las etiquetas está protegida, por lo que la falsificación es muy complicada. De ahí que la seguridad sea uno de los factores clave de esta tecnología.

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